El beso más hermoso
Y entonces la besé.
Fue como besar al pecado más castigado; al tabú más vergonzoso.
Un delito cometido simultáneamente por dos personas.
Sentí sus labios de textura suave y húmeda mientras su respiración formaba parte de la mía.
Su olor dejó de ser un misterio para convertirse en deseo.
Un deseo compartido que estaba por encima de ella y de mi.
Por encima de lo que tanto soñé.
Por encima del amor.
Así, el beso al pecado fue el beso más hermoso.
