La guerra se había avivado con rencores, alcanzando la temperatura más baja posible. Un grado menos y la masa desaparecería. Ya era hora de perder; de rendirse, aunque la perra casualidad se antojara en recordarle citas y frases de elocuentes hombres abrigados al calor de la paz, que le hacían sentir como un cobarde humillado por una vergonzosa retirada.
¿Qué sabrán ellos de dolor? ¿Qué sabrán ellos de guerra? ¿Qué sabrán ellos de …?
Y se fue para no volver, cerrando una densa puerta de desconsideraciones y recuerdos, llorando al escuchar el inolvidable sonido que marcaba su nuevo futuro, determinado por el enunciado obtuso y rencoroso de una frase que hizo desaparecer su última esperanza…una llave bajo la alfombra.
![]()
